Las dos hermanas

El pasado fin de semana finalizó el stage del club Los Naranjos. Todo fue ilusión, alegría, diversión por parte de los niños, niñas y por supuesto, de los profesionales que allí estuvieron trabajando. Estuve observando unos minutos las distintas competiciones que hubo, para entregar posteriormente los variados premios y trofeos que se dieron.

Me llamó la atención un partido particularmente por la entrega y lucha que se estaba dando en la pista. Como en toda competición deportiva, siempre ganan unos y otros pierden… De la pareja perdedora uno de sus integrantes rompió a llorar solo y se fue alejando del grupo poco a poco, sin que nadie se diera cuenta de ello, salvo sus familiares allí presentes y alguno de sus monitores, entre los que me encuentro.

Lo importante de toda competición deportiva consiste en entregarse al máximo y si con ello no es suficiente para ganarla, entonces lo que tenemos que hacer es  trabajar más para conseguirlo más adelante. Es verdad que hay un esfuerzo detrás de esa competición, pero no es menos cierto que también los contrarios tienen un trabajo detrás más o menos como el mío.

Otro día, a ese niño que perdió le tocará ganar y entonces la historia se repetirá, pero con otros protagonistas. Aquí es donde quiero llegar. El niño que hoy pierde, sabrá valorar lo que siente el otro que ahora llora porque quería ganar…

Me traen mis palabras al recuerdo una final perdida por Roger Federer ante Rafa Nadal donde en la entrega de trofeos el campeonísimo Federer rompió a llorar tras perder su encuentro y nuestro humilde y gran campeón fue a consolarlo porque él sabía y reconocía lo que se siente cuando se da todo y no se consigue algo. Gran lección de vida y saber estar de un campeón a todos los que nos preocupa que primero seamos personas y luego todo lo demás…

Paso a contaros una historia que refleja la vida vista desde el prisma de los excelentes profesionales que forman Prodigy Padel Academy.

Un dependiente que estaba tras el mostrador de su negocio, miraba la calle distraídamente, mientras una niñita se acercó al negocio y apretó la nariz contra el cristal del escaparate. Sus ojos se pusieron como platos y brillantes cuando vio una pulsera azul turquesa. Entonces entró al negocio y pidió verla:

-Es para mi hermana. ¿Puede ponerla en un paquete muy bonito? – dijo.

El dueño del establecimiento miró desconfiado a la niñita y preguntó:

-¿Cuánto dinero tienes?

Sin dudar, ella sacó del bolsillo un pañuelo todo atadito y fue deshaciendo nudos, los colocó sobre el mostrador y dijo:

-¿Esto alcanza? (Eran apenas algunas monedas que ella exhibía orgullosa). ¿Sabe?, quiero dar este regalo a mi hermana mayor. Desde que murió mi madre cuida de nosotros y no tiene tiempo para ella. Hoy es su cumpleaños y sé que estará feliz con ese regalo.

El hombre fue para la trastienda, puso la pulsera en un estuche, lo envolvió con un vistoso papel dorado e hizo un bonito lazo con una cinta:

-Toma, ¡llévalo con cuidado!

Ella saltó feliz, corriendo calle abajo.

Aún no había llegado la hora de cerrar el establecimiento cuando entró una joven muy guapa al negocio, colocó sobre el mostrador el ya conocido envoltorio deshecho y preguntó:

-¿Esta pulsera fue comprada aquí?

-Sí señorita.

-¿Y cuanto costó?

-¡Ah! El precio de cualquier producto de mi tienda es siempre un asunto confidencial entre el vendedor y el cliente.

-Pero mi hermana tenía solamente algunas monedas. ¿Esa pulsera es verdadera, no? Ella no tendría dinero para pagarla.

El hombre tomó el estuche, rehizo el envoltorio con extremo cariño, colocó la cinta, lo devolvió a la joven y dijo:

-Ella pagó el precio más alto que cualquier persona puede pagar. ¡¡Dio todo lo que tenía!!

El silencio llenó la pequeña tienda y dos lágrimas rodaron por sus mejillas, en cuanto volvió a coger el pequeño envoltorio.

Lo importante en la vida, a mi juicio, es valorar el esfuerzo y el tesón de las personas, para en el caso de fracaso, estar a su lado y compartir con ellos todo lo que tenemos… dentro de nuestras posibilidades.

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