¿Dónde está mi asno?

Escribo este artículo con gran ilusión y orgullo por nuestros alumnos de competición de Prodigy. Llevamos tiempo trabajando con ellos y los avances en cuanto a su forma de trabajar y entender los entrenos en pista son considerables.

Llevo unos meses obsesionado con la idea de que nuestros jugadores se hagan imprevisibles en sus golpes de cara a que el contrario no intuya cuál va a ser o hacia donde va ir tal o cual salida de pared o volea. Para ello se requiere una gran dosis de concentración en las sesiones de entrenamiento y, además, por supuesto, su esfuerzo. Y por lo tanto, gracias fundamentalmente a ellos, se va consiguiendo dicho objetivo.

Observo cómo muchos de ellos van desarrollando una gran inteligencia en pista, así como un crecimiento como estrategas en este deporte tan maravilloso que es el pádel.

En la escuela de competición de Prodigy enseñamos a los alumnos un principio fundamental en Psicología, y que es ampliable a la vida misma por extensión. Dicho principio dice: “Toda conducta que un sujeto realiza y produce beneficio, placer, refuerzo, premio o satisfacción tiende a repetirse en el tiempo”.

Dicho principio, aplicado al deporte del pádel, supone que un jugador repite el mismo golpe durante el desarrollo de un partido porque le proporciona puntos o pone en dificultad a los contrarios, porque es su golpe favorito o simplemente es el resto que ha realizado durante mucho tiempo y por lo tanto, lo repite de forma automática.

Pero, al mismo tiempo, los contrarios no leen dicho golpe porque su cansancio, su falta de concentración u observación, o sus quejas de lo mal que lo están haciendo, solapa la lectura correcta de la acción que realizan los contrarios.

En esta semana os hablaré, por lo tanto, de atención, concentración, de ser buen observador, elaborar conclusiones acertadas y de serenidad. La persona que sabe observar, sacar conclusiones acertadas y si sabes mantener la serenidad en un encuentro de pádel, tienes mucho ganado.

Como siempre os hablaré de estos conceptos a través de una historia. Alguien dijo que la distancia más corta entre la persona y la verdad es un cuento. Yo soy de los que piensan lo mismo.

Había una vez un hombre que había perdido su asno. Lo buscaba por todas partes, pero no lograba encontrarlo. Estando en ello, se encontró con un anciano y le preguntó:

  • – ¿Has visto a mi asno, abuelito?
  • – ¿Tu asno está cojo de la pata izquierda y es ciego del ojo derecho? – le contestó el anciano.
  • -Sí.
  • -¿Le falta un diente?
  • -¡También! Dime, ¿adónde ha ido?
  • -No lo sé – dijo el anciano.
  • -¡No me tomes por tonto! ¡Tú tienes escondido a mi asno! ¡Si no, no sabrías tantas cosas sobre él!

 El anciano lo miró con calma a los ojos y le preguntó: “¿Por qué te pones tan nervioso? ¡Escúchame! En mi camino hacia aquí he visto las huellas de un asno. Las de un lado eran profundas, las del otro imperceptibles. Así que el asno debe ser cojo de la pata izquierda. La hierba del lado izquierdo estaba comida, pero la del derecho no. Entonces supe que el asno es ciego del ojo derecho, pues no puede ver la hierba de ese lado. Observé que a la izquierda del camino volaban muchas abejas, mientras que a la derecha había más hormigas. A las abejas les gusta la miel, mientras que las hormigas transportan granos de arroz. Así deduje que el asno lleva miel en el lado derecho y arroz en el izquierdo. Por los restos mordisqueados de las hojas que el asno iba dejando atrás, supe que le falta un diente. Como ves, no es necesario que me preguntes a dónde ha ido tu asno, ¡solo debes seguir sus huellas!“.

El dueño del asno agradeció mucho al anciano su consejo y prosiguió la búsqueda. Dice un proverbio chino que percibir las cosas es el germen de la inteligencia.

 

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