¡Te compro una hora!

Mis palabras en el artículo de esta semana son para todas las mamás y papás PRODIGYS, que siempre están con vosotros en los entrenos, en las competiciones, en los stages. Que os llevan, que os traen. Que aguantan estoicamente a que vosotros terminéis de divertiros y, muchas veces, con sacrificio personal. Personas que os quieren y lo manifiestan. Sois fruto de un amor fraternal y eso es impagable. Para todas las mamás y papás, nuestra más sincera enhorabuena por cómo lo estáis haciendo. Vuestros hijos serán personas con mayúsculas el día de mañana. Tendrán un gran ejemplo a seguir.

Para la idiotez más idiota de las idioteces te exigen pruebas, exámenes, gestiones, acreditación, tests, análisis, selectividad, prácticas, avales… Te examinan ahora para ser camarero, canguro, fontanero, conductor de moto acuática, portero de discoteca, ayudante en la misa… Te examinan para todo.  ¡Menos para ser padres! Lo más importante y responsable de la vida le está permitido a cualquiera, sin impedimento alguno… Solo se necesita algo de instinto.

Aunque hoy escribo para todos los papis, recuerdo una historia que intento aplicar con cierto esmero y que resume lo que a veces (muchas) pasa por la cabecita de los niños.

Había una vez un niño de diez años. El niño era estudioso, responsable y cariñoso con sus padres. Pero el niño le daba vueltas a algo en su cabeza. Su madre trabajaba mucho, estaba todo el día en sus negocios, por lo que tenía un buen sueldo. El hijo la admiraba muchísimo porque “tenía un buen puesto y todos la respetaban”.

Cierto día, el niño esperó a que su padre regresara del trabajo, sin dormirse, y cuando llegó a casa, le llamó desde la cama:

                – Mamá, ¿cuánto ganas cada hora?

                – Hijo, no sé, bastante. Pues, por ejemplo, cincuenta euros. ¿Por qué?

                – Quería saberlo.

                – Bueno, hijo, duerme.

Al día siguiente el niño comenzó a pedir dinero a su papá, a sus tíos, a sus abuelos… En una semana ya tenía cuarenta y siete euros. Otro día, al volver la madre del trabajo por la noche, el niño la volvió a llamar desde la cama:

              – Mamá, dame tres euros que me hacen falta para una cosa importante, por favor…

              – ¿Muy importante, muy importante? Tómalos y duérmete, que es muy tarde.

            – No, mamá, espera. Mira, tengo cincuenta euros. Tómalos. ¡Te compro una hora! Tengo ganas de estar contigo, de hablar contigo, de que compartas mis entrenos en Prodigy. A veces me siento muy solo, tengo envidia de otros chicos que hablan con sus madres y pasan tiempo con ellas…

La madre le abrazó y besó tiernamente.

Puede que en ocasiones nos centremos tanto en los objetivos materiales y superficiales, que olvidemos lo más importante en la vida…

¡¡¡Enhorabuena a todas las mamás y papás Prodigys!!!

1 Comentario

  • Mariluz Publicado 6 mayo, 2018 3:10 pm

    Fantastico relato

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