La felicidad con el cambio

No es el despertador lo que me levanta cada mañana, es la ilusión. La ilusión es una especie de alimento interior que te motiva para continuar.

Acaba una pequeña gran época en un lugar precioso y diseñado por nosotros mismos buscando nuestra felicidad y la vuestra. Ahora comienza otra donde las ilusiones y las motivaciones serán las mismas, pero con mayor intensidad si cabe.

Cada uno de nosotros pondrá el máximo de sí mismo para conseguir dar el mejor servicio y establecer el mejor ambiente de trabajo en nuestro próximo proyecto en el Racquet de Villa Padierna.

Entendemos este cambio como una oportunidad para lograr un nuevo éxito, pero en un sentido más amplio. Entendemos el éxito como desarrollo integral de las capacidades y potencialidades que cada uno lleva dentro, éxito asociado a un proceso y no a un único resultado, éxito como sentimiento de bienestar consigo mismo y con los demás, éxito como sinónimo de felicidad, de logro sereno en constante búsqueda que nos lleva a ser mejores personas y profesionales.

Yo particularmente en estos días realizo un ejercicio de autoanálisis y reflexiono sobre mis puntos fuertes y débiles. Siempre me apoyo especialmente en los primeros e intento convertir los segundos en oportunidades de mejora.

Os invito a todos vosotros a realizar lo mismo. Es la única manera de seguir creciendo profesional y personalmente y elevar eficazmente una actividad y concluirla con éxito.

Nos vamos a un entorno precioso, increíble y será necesario, como digo, establecer y clarificar las metas personales y de equipo, procurando que sean realistas pero ambiciosas y a la vez, motivadoras.

Vamos a poner lo que tenemos como equipo en nuestro trabajo: ilusión, servicio, iniciativa, responsabilidad, actitud  positiva, equilibrio, seguridad en nosotros, decisión, asertividad, aceptación de retos, miras de calidad y mejora continua… pero como siempre, necesitaremos de vosotros, amigos y clientes.

Termino con una historia que me contaba mi abuela, cuando era pequeño y que aún recuerdo:

Un día, se reunieron varios duendes para hacer una travesura. Uno de ellos propuso:

– Debemos quitarles algo a los hombres, pero, ¿qué  les quitamos?

Después de mucho pensar, uno dijo:

– ¡Ah ,ya sé! Vamos a quitarles la felicidad. Pero el problema va a ser dónde esconderla para que no puedan encontrarla.

Propuso el primero:

– Vamos a esconderla en la cima del monte más alto del mundo.

A lo que inmediatamente repuso otro:

– No, recuerda que tienen fuerza, alguna vez alguien puede subir y encontrarla, y si la encuentra uno, ya todos sabrán en donde está.

Luego propuso otro:

– Entonces vamos a esconderla en el fondo del mar.

Y otro contestó:

– No, recuerda que tienen curiosidad, alguna vez alguien construirá algún aparato para poder bajar y entonces la encontrarán.

Uno más, dijo:

– Escondámosla en un planeta lejano a la Tierra.

Y le dijeron:

– No, recuerda que tienen inteligencia, y un día alguien va a construir una nave en la que pueda viajar a otros planetas y la va a descubrir, y, entonces, todos tendrán felicidad.

El último de ellos era un duende que había permanecido en silencio, escuchando atentamente cada una de las propuestas de los demás duendes. Analizó cada una de ellas, y entonces dijo:

– Creo saber dónde ponerla para que realmente nunca la encuentren.

Todos se dieron la vuelta, asombrados, y preguntaron al unísono:

– ¿Dónde?

El duende respondió:

– La esconderemos dentro de ellos mismos. Estarán tan ocupados buscándola fuera, que nunca la encontrarán.

Todos  estuvieron de acuerdo y desde entonces ha sido así:

El hombre se pasa la vida buscando la felicidad, sin saber que la lleva dentro.

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