Como parecía imposible, lo hizo

En este artículo quiero hablaros sobre el correcto comportamiento y la actitud que debe de tener un deportista cuando se enfrenta a una tarea, a una competición y si queréis también, es una manera de actuar en la vida en general. Y según cómo lo hagamos, estaremos dando una imagen nuestra a los demás: familia, amigos, público, compañeros de entrenamiento, de equipo, entrenadores… Me estoy refiriendo a la autoconfianza.

La autoconfianza está influida por diversos factores: la dificultad de la tarea, el esfuerzo, la acumulación de ayuda recibida, la secuencia de éxito y fracaso, la atribución del éxito a habilidades personales o a circunstancias fortuitas. Todo lo demás queda fuera de mi control, luego no debe de influir en mi desempeño posterior.

Paso a contaros una historia que refleja mi manera de entender y actuar, y que creo que os ayudará para conseguir muchos logros.

Se realizó una competición de saltamontes. El objetivo era llegar a lo alto de una montaña. La expectativa fue tal, que se juntó una multitud en las gradas. A las pocas horas de iniciada la competición, los avances eran muy pobres, entonces la multitud creyó que nadie lograría alcanzar la cima, y se comenzó a escuchar:

¡Qué pena, esos saltamontes no lo van a conseguir! ¡No lo van a conseguir! Y como consecuencia, muchos saltamontes desistieron.

Sin embargo, había uno que seguía con el mismo empeño del principio y continuaba subiendo en busca de la cima. La multitud gritaba: ¡Qué pena, tampoco ese saltamontes lo va a conseguir…! ¡No lo va a conseguir!

Muchos saltamontes se giraban a ver las gradas, luego miraban al objetivo y se daban por vencidos, pero había un saltamontes que seguía y seguía tranquilo, con igual fuerza.

Pasaron horas de competición, casi todos desistieron, pero ese saltamontes, seguía y pudo llegar a la cima con todo su esfuerzo. Todos los que se habían dado por vencidos quisieron saber la clave. Al acercarse a felicitarlo y preguntarle como había conseguido llegar a la cima, descubrieron que… ¡¡era sordo!!

Recuerda siempre el poder que tienen las palabras que escuchas o actitudes que te rodean. Para bien y para mal. Preocúpate por ser siempre positivo y rodéate de personas que también lo sean. No permitas que comentarios y hábitos negativos te derrumben. Por supuesto, ¡oídos sordos cuando alguien te diga que no puedes!

«Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo de que la rama se rompa, porque su confianza no está en la rama sino en sus propias alas»

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