¡Maldito bicho!

Levanto la voz no excesivamente (después de colgar el teléfono tras una conversación tensa) y digo: ¡¡Maldito bicho!! Inmediatamente después oigo a mi hija corregirme a lo lejos (estudiante de 2º de bachillerato de ciencias): «¡Papá, el Covid- 19 no es un bicho, es un virus (es un fragmento de ácido nucleico y la cubierta es una proteína).» Pues… ¡maldita proteína!

Parece lógico, incluso prudente, no demostrar sentir odio, tristeza, furia, etc. Pero también podemos considerarlo poco acertado desde el punto de vista de la inteligencia emocional y su desarrollo. Dicen que lo que uno no puede controlar al final lo controla a él mismo, y aunque lo tratemos de ocultar, siempre acaba apareciendo.

Ser emocionalmente inteligente implica controlar y dominar las emociones, asumir esta responsabilidad sobre los sentimientos es signo de nuestra buena gestión personal en estos días de tanto dolor y dificultad.  Por lo tanto, hagamos frente a nuestras emociones, gestionémoslas y no escapemos de ellas.

Estoy seguro y convencido de que muchas cosas no serán iguales ya. No sólo en el ámbito personal de cada uno de nosotros y en nuestras relaciones como sociedad, sino también en el mundo laboral después de esta pandemia.

Creo que las «linternas» que nos deben de iluminarnos a partir de ahora son: creatividad, optimismo, sentido del humor, tolerancia al fracaso, asumir riesgos, creer en uno mismo, dejar de lado la crítica, trabajo en equipo, tener paciencia y saber aplazar las recompensas… Esta situación que estamos viviendo debe suponer un antes y un después en nuestras vidas, y eso sólo dependerá de la actitud que adoptemos.

Paso a contaros una historia muy antigua y resume lo que quiero decir:

Una noche, mientras paseaba por mi urbanización, me encontré a un hombre que buscaba desesperadamente algo. Me sorprendió observar que, mientras se llevaba las manos a la cabeza, decía sin cesar: «¿Donde se habrán caído?». Daba vueltas y vueltas dentro de un círculo reducido cuyo centro era una farola. Me acerqué y le pregunté si le podía ayudar. Cuando me respondió me di cuenta de que, además, no estaba muy sobrio:

– ¿Puedo ayudarle?
– Sí claro, por supuesto…
– ¿Qué ha perdido? – Le pregunté mientras comenzaba a buscar sin saber qué buscaba.
–  Las llaves de mi casa. ¡Las malditas llaves de mi casa! – Me contestó con un tono pastoso de voz y  unos ojos brillantes y enrojecidos.
– No se preocupe, seguro que las encontramos – le dije para tranquilizarle.

Me puse a buscar, y mientras lo hacía, le pregunté:
– ¿Está seguro de que se cayeron por aquí?
– Pues la verdad es que no, pero aquí hay luz.

Lo que nos ocurre, al igual que al personaje de la historia, es que en el pasado tenemos «luz» y es donde intentaremos encontrar las soluciones por nuestra experiencia. Pero el problema es que la situación a la que nos enfrentamos es NUEVA y la experiencia acumulada nula, así que o buscamos en la «oscuridad» o seguiremos dando vueltas a la farola.

Y por último os dejo un listado más ampliado de lo que la sociedad, en lo personal y laboral, va a solicitar, a mi modesto entender, a partir de ahora:

Humildad, generosidad, positividad, ser agradable, confianza, empatía, proyección, honradez, adaptación a los cambios, perseverancia, constancia, ser divertido, entusiasmo, paciencia, dinamismo, facilidad de palabra, búsqueda de clientes, conocedor de los productos y del mercado, diferenciación, capacidad de negociación.

Añadir Comentario

Tu dirección de email no se publicará. Los campos obligatorios están marcados con *